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El narcotráfico y la faz perversa de la ley

Rosario Herrera Guido

Si el hombre fracasa
en conciliar la justicia y la libertad,
fracasa en todo.
Albert Camus

Ciertamente que, la reciente aprobación por mayoría de votos de la siembra, el cultivo y el consumo recreativo y lúdico de la marihuana, por parte de la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), para uso personal recreativo y lúdico de cuatro ciudadan@as (Josefina Ricaño Bandala, Armando Santa Cruz González, José Pablo Girault Ruiz y Juan francisco Torres, excluyendo el comercio, suministro y enajenación, es un hecho inédito e histórico en México, pues abre el debate y con ello la posibilidad de que se despenalice la marihuana en México, a través de la presión que de inmediato recibe el Congreso de la Unión para que por fin lleve a cabo su regulación. El único voto en contra fue del ministro Jorge Mario Pardo que, ¡increíble!, salió con la bobada de que el dictamen de Arturo Saldívar, quien alberga el amparo de los beneficiados, no explica la manera en que adquirirán la semilla de la marhuana, “obstáculo para analizar el caso”. Recordemos que en 2009, ya se había despenalizado y se podía traer consigo cinco gramos, que ahora se aumentan a diez y el cultivo de cuatro plantas. Una aprobación, a pesar de la avalancha de opiniones que desconocen, que no es decir que ignoran, la doble faz de la ley que, como ya sabía Georg Hegel, el autor de la filosofía del derecho que en teoría rige todos los países republicanos, puede pacificar o incitar a ser trasgredida, más si se trata de una ley severa. Una doble faz de la ley que obliga a pensar y compartir, no sólo para abonar la legalización de la mariguana, sino de las drogas en general.

Kant con Sade, una lectura del psicoanalista y pensador francés Jacques Lacan (Lacan, Escritos 2, Siglo XXI, 1979), sirve de pretexto para incursionar en la doble faz de la ley. Un texto que plantea al menos dos interrogantes: ¿qué objetivo tiene la prohibición de las drogas? ¿Es una medida que realmente preserva el orden moral, la paz, la convivencia social y la cultura? El filósofo Benjamín Farrington permite también avanzar: “Cuando Aristóteles hubo concluido su examen de la Idea de Bien, tuvo la certeza de que la noción de un universo bueno para todo y para todos […] era una ilusión total […] ¿bueno para quién, para qué fin y en qué momento? Si queremos hallar la respuesta a estos interrogantes debemos consultar al individuo […] La definición de lo bueno más aceptada corrientemente en las esferas político-religiosas es la felicidad; sin embargo, lo que es alimento para un hombre puede ser veneno para otro” (Farrington, La Rebelión de Epicuro, LAIA, 1983).

Otro tanto puede contribuir Sigmund Freud, que conociendo la faz terrorífica y perversa de la ley, como absoluta, autoritaria y dictatorial, en “El porvenir de una ilusión” de 1927 (Freud, Amorrortu, 1987), además de referirse con sarcasmo a los norteamericanos porque han decidido no volver a beber vino y no engañar a sus mujeres, advierte con ironía que no quiere decirnos lo que va a pasar con esa ley. Una ley que, como sabemos, condujo al mercado negro del vino y a la conformación de la pandilla de Al Capone. Una ley severa que hoy más bien invita a ser desplazada en favor de la legalización de la droga, que en acrecentar hasta el infinito los cuerpos policíacos y las cárceles, con el pretexto de erradicar el crimen organizado. Un proyecto de ley que legalice las drogas, más ahora que el aumento de las fuerzas policíacas tiene mucho más que ver más con el temor de Calderón, a causa de sus propios “pecadillos”, que con las serias intenciones de capturar a los capos de la droga o erradicar el crimen organizado.

Tomemos, para seguir pensando en el problema, un ejemplo que Kant ofrece en su Crítica de la razón pura (Losada, 1961). A un hombre se le ofrece pasar la noche con una bella mujer, pero a condición de ser ejecutado al amanecer. Una muestra ante la que Kant concluye, ingenuamente, que este hombre, gracias al imperio de su razón, decidirá preservar su vida y renunciar a la tentadora oferta. Hoy sabemos, por un mejor conocimiento de las pasiones humanas, que cuando el goce (el exceso de placer) es acompañado por la amenaza de muerte, se puede convertir en irrenunciable, incluso en una orden a cumplir sin reflexión alguna de por medio.

Por ello, Lacan provoca con su lectura Kant con Sade, pues la Filosofía en el tocador del Marqués de Sade completa a la Crítica de la razón pura de Kant. Dos textos, pero dos caras de la misma moneda. Uno se propone que la ley y la razón imperen sobre el deseo y la pasión, mientras el otro, que el deseo y la pasión dominen por sobre la ley. Kant propone la ley de la razón, el dominio del deber. Sade la ley del goce, el exceso de placer, el imperio de la pasión. Al respecto, el filósofo francés Gilles Deleuze recuerda a Freud: «Debemos a Freud el haber descubierto esta fantástica paradoja de la conciencia moral: la ley se comporta tanto más severa y desconfiadamente cuanto más virtuoso es el hombre”. (Presentación de Sacher-Masoch, Taurus, 1973).

Para Sade se trata del derrumbe de la ley. Sade odia la ley porque es el tirano el que la hace posible. Sade cree proponer una anti-tiranía, pero su ley de gozar toma el lugar de la dictadura. Se trata de la anarquía que hasta pretendió plasmar en la Constitución francesa. Para Sade el universo de las leyes es vicioso y la anarquía virtuosa. Lo paradójico es que Kant y Sade se encuentran: el cumplimiento escrupuloso de la ley que propone Kant, se confunde con la anarquía de Sade. El legalista se encuentra con el perverso. La ley radical conduce a un efecto contrario: la penalización no evita la criminalidad sino que la provoca, se convierte en una orden de insuperable irracionalidad. Sade propone la ley del goce hasta lo inhumano, haciendo eco a Kant, pues se trata en ambos de una ley universal que se impone por sobre el deseo. Como dice Lacan: “Humor negro (…) para todo ser razonable, si se distribuye la máxima en el consentimiento que se le supone”. (Kant con Sade, Siglo XXI, 1979).

Kant propone la práctica incondicional de la razón, el rechazo del deseo, con lo que libera el campo de la ley moral. Sade impulsa una máxima para la República francesa, liberada de toda ley. Se trata del goce hecho ley, imperativo revolucionario, más libertino y esclavizante que libertario. Por ello es necesario interrogar la ley de Sade, que ofrece una libertad terrorífica. Libertad de la carne más no del cuerpo habitado por el sujeto.

No debemos olvidar que los mayores excesos de la historia han sido comandados por el apego radical e irracional a la Ley, una ley más allá de lo humano. Aquí es donde se encuentran la moral y la política, pues es la ferocidad de la ley la que produjo la “santa” inquisición y el nazismo. Sólo la moral de los amos se alimenta de leyes terroríficas, dejando al descubierto su mandamiento feroz y obsceno. Y es que la ley terrorífica, autoritaria y dictatorial, en lugar de pacificar pervierte a los pueblos y los condena al horror.

En la frontera de los excesos de la ley de la pura razón de Kant y la ley que ordena gozar de Sade, un verdadero auxilio es un pensamiento del filósofo francés Georges Bataille: “Nadie imagina un mundo en el que la ardiente pasión dejara de turbarnos definitivamente […] nadie considera la posibilidad de una vida desligada por siempre de la razón”. (Las lágrimas de Eros, Tusquets, 1981).

Si de paz social se trata, la guerra contra las drogas ya mostró ser infructuosa, hasta pornográfica, pues ha contribuido con su diversificación en “crimen organizado”, que ya no es sólo de drogas sino de trata de personas, pornografía infantil, explotación sexual de niñas y jovencitas, tráfico de órganos, cobro de piso y protección, más lo que se acumule.

Más todavía, si la prohibición de las drogas está sostenida en una ley terrorífica, que al hacerlas más atractivas las encarece y las convierte en el más gran negocio jamás imaginado, tanto para quienes las producen y distribuyen, como para quienes protegen su tránsito o las combaten.

Redacción / @Michoacan3_0

8 noviembre, 2015
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