Derechos Humanos


Invisibles para el gobierno, los menores que viven en prisiones mexicanas

Revolución TresPuntoCero

En México actualmente existen poco más de 377 niños que nacen y crecen dentro de la cárcel, lo que provoca que no se desarrollen bajo las mismas condiciones que un menor de su edad lo haría fuera de prisión, ya que se ve afectado tanto física como socialmente.

Según un estudio de la organización Reinserta, las mujeres que quedan embarazadas durante su condena en prisión, tienen el derecho de vivir con sus hijos hasta que cumplen los 6 años. Durante ese tiempo los niños crecen bajo los cuidados de la madre. Sin embargo, independientemente de la educación que ella le pueda impartir, el entorno es poco favorable para su desarrollo emocional.

Lo anterior es producto de la constante violencia, estrés e inseguridad, principales características del ambiente ya común de la prisión. Según las reglas, los menores que se encuentran en el reclusorio deben estar siempre bajo el cuidado de la madre. Es por ello que aun cuando hay otros niños dentro, no es fácil socializar, por lo tanto hacer amigos o jugar con ellos es algo que pasa muy pocas veces.

Para los menores suele ser difícil no poder recorrer ciertos espacios ‘con libertad’, ya que no deben desobedecer las reglas. Aunque de vez en cuando algunos de ellos salen por el fin de semana para visitar a sus familiares, es poco el tiempo a comparación del que pasan al regresar con su madre a la prisión. Esto sucede en forma esporádica, ya que en la mayoría de los casos existen menores que nunca han tenido la posibilidad de salir, ya sea porque los familiares no se quieren hacer cargo de ellos por algunos días o porque no tienen familia quien visite a la madre en prisión.

Cuando han cumplido la edad necesaria para salir del reclusorio, estos niños deben enfrentarse a una nueva realidad, donde su madre no estará a su lado y la falta de socialización y el ambiente en el que se desarrollaron provoca que se les dificulte insertarse a un escenario totalmente distinto al vivido.

Así después de permanecer por cinco años y once meses con su madre en prisión, abandonan ese ‘hogar’ y deben enfrentarse a una nueva realidad, en donde el abandono es el primer paso, seguido de un posible rechazo por parte de la sociedad, al estigmatizarlo.

En México no existen programas gubernamentales de reinserción para menores que a los seis años salen de las prisiones sin protección alguna. Los niños que nacen y viven en prisión: “la cárcel los puede convertir en los futuros delincuentes del país. Ellos necesitan desarrollarse en un espacio digno para que su presente no dicte su futuro. Es nuestra obligación como mexicanos evitarlo”, aseguran los especialistas de Reinserta.

“Todos los niños que viven en prisión, los que están naciendo hoy y los que vengan después, son los infantes invisibles de la sociedad y el gobierno mexicano. Prácticamente viven de las migajas, cuando hay migajas, porque para ellos no existe un presupuesto destinado para su desarrollo, alimentación y educación, porque el Estado no los reconoce. No tienen derechos. Simplemente para el gobierno no existen.

Si ya de por si los penales son sitios insalubres para los adultos, ellos corren mayores riesgos de enfermar, sin posibilidad de atención médica adecuada. Porque nuevamente hay que ser reiterativos, si las mujeres en prisión son las mayormente maltratadas, sus hijos también lo son, principalmente con la invisibilidad. Ellos viven y conviven con la delincuencia, entre la mugre, la contaminación y las sobras en mal estado, así es como crecen, no pidamos entonces que al salir sean ciudadanos ejemplares, cuando las condiciones les arrastran traumas y resentimientos”, explica a Revolución TRESPUNTOCERO la Doctora Cecilia Sanmartín, activista social y especialista en temas penitenciarios.

Además explica que si dentro de las cárceles no son tomados en cuenta, mucho menos cuando salen, ya que su destino es completamente desconocido y ninguna autoridad le da seguimiento de la forma de vida que llevan y el ambiente en el que se desarrollan. “No hay programa de seguimiento, tampoco de reinserción y apoyo social que les permita asegurarles la educación, la salud física y psicológica. Es decir, los avientan al mundo sin importarles que mañana roben, maten o los maten y no necesariamente por ser delincuentes ‘por gusto’, sino por hambre, por necesidad.

Sucede que mientras menos carga para el gobierno, mejor. Existen casos en los que al no tener ningún familiar o nadie se quiere hacer cargo, pasan de vivir en la cárcel, a vivir en las calles, dormir en las banquetas y comer cuando se pueda lo que haya. Y entonces viene el problema de las drogas y llegando ahí poco o nada se puede hacer para rehabilitar, porque no existen políticas públicas eficaces para menores en situación de calle”, comenta la especialista.

México tiene 74 centros de reclusión con mujeres sentenciadas, 15 son exclusivos para ellas y 59 son mixtos. En 53 de estos sitios no existen guarderías, tampoco personal que imparta la educación básica. “Viven en total desamparo porque ni el legislativo, mucho menos el ejecutivo tienen dentro de su agenda brindar bienestar a los menores, tampoco la sociedad civil lo exige, porque tampoco existe sensibilidad en el problema, los niños enfermos o con discapacidades son acogidos y ayudados, los niños de madres presas no.

Estamos frente a uno de los mayores problemas sociales, pero pareciera que, o no importa o no se han dado cuenta de la existencia de éste. A diario mueren niños en situación de calle, pero no es algo que se publique y por lo cual se luche constantemente. Como en el caso de ‘María’, una niña de aproximadamente nueve años que amaneció muerta cerca de un bote de basura, en provincia. Nadie dijo nada, se supo que fue violada y en que alguna ocasión, según testigos (vendedores ambulantes de la zona) dijo que su madre estaba en la cárcel. El resultado: fosa común. Otros más mueren de sobredosis o se convierten en parte de las filas del narcotráfico, o simplemente no tienen una vida digna porque no recibieron los apoyos e incentivos necesarios, y al estar solos no logran jamás encajar en la sociedad, incluso llegan haber suicidios”, asegura Sanmartín.

La organización Reinserta ha planteado al gobierno una serie de medidas para los menores de madres presas que incluye: la creación de un Sistema Nacional de Protección Integral de los Derechos de niñas, niños y adolescentes; salvaguardar el interés superior y las garantías procesales de niños, niñas y adolecentes; lograr la asignación de recursos que permitan dar cumplimiento a dichas acciones; impulsar la participación de organizaciones dedicadas a la promoción y defensa de los derechos de niños y adolescentes; que los hijos de las sentenciadas que nazcan durante el período de reclusión reciban todos los servicios, hasta la edad de seis años y reducir el tiempo de estancia de niños y niñas en la prisión de seis años a tres años garantizando que exista una atención a su salida.

Actualmente Reinserta ha iniciado una campaña de recaudación de fondos, para el desarrollo de un proyecto que tiene como finalidad preparar un espacio destinado para los menores con juegos apropiados, que les permita desarrollar sus capacidades de convivencia, estimulación temprana y cognitivas. Planean obtener 160 mil pesos, que en un inicio, subsanan los gastos que se requieren de material y mano de obra. De llegar a recaudar más dinero se iría a comprar mobiliario para el área de juego.

“160 mil pesos es poco para el aparato gubernamental, porque podría destinar eso para cada penal y mucho más, pero en un país donde el presidente gobierna bajo el amparo de la demagogia son las ONG’s quienes tienen que hacer su trabajo y cumplir con sus obligaciones”, puntualiza Sanmartín.

17 noviembre, 2015
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