Opinión 3.0


Luchar resistir, el acuerdo es vivir

Luchar Resistir, el Acuerdo es Vivir, reza el cartel enarbolado por una joven en Guadalajara, en una de las movilizaciones que exigían se presentaran con vida a Javier Salomón de 25 años; Marco Francisco y Jesús Daniel de 20 años respectivamente, así como a otros tres mil jóvenes de Jalisco, más otros cientos de miles en el país, y los 43 emblemáticos normalistas que aún nos faltan.

Como un toque eléctrico nos circula la noticia que una vez torturados y asesinados nuestros tres jóvenes fueron desintegrados en ácido, para no dejar rastro de la barbarie, para tratar de ocultar que en México la mierda y la prepotencia gozan de impunidad.

Tal vez esa inmundicia haya sido el mismo modus operandi que aplicaron con los 43, tal vez no, pero saber ese hecho hace que nuestro abdomen se contraiga impulsado por el asco y el desaliento, los pulmones se niegan a volver a inspirar… quisiéramos apagar el cerebro y abandonar el estiércol hecho país… pero como una chispa, como un aliento, surge entre la masa la leyenda…. Luchar, Resistir, el Acuerdo es Vivir, y como credo, nos aferramos, nos juramos y decidimos que así sea, así sea.

Pocas veces he sentido aprender y aprehender tanto en tan pocas palabras, ¿cómo superar el holocausto? ¿Cómo superar el 68, y volver a palpitar luego de los 43? ¿Cómo sobrevivir a los feminicidios y cómo no llorar por Javier, Marco y Jesús, cómo superar tanta ignominia? Así, acordando vivir.

Y la pancarta ordena, la tarea más importante de la juventud mexicana, agruparse, cuidarse, y entre iguales, ayudarse a vivir, empeñarse a superar al nazi, policía, narco, político, mafioso, desquiciado, depravado, burócrata, insensible, materialista, individualista, enfermo…. hilvanado por este modelo de vida que nos amenaza aquí y en Siria, que nos aterra en las noches y que nos enseña, que requerimos de otros ingredientes no cultivados en el neoliberalismo ni en sus supermercados, ¿les suena amor, ingenio, unión, organización, y decisión? Necia terquedad por construir alternativas para que de una vez por todas hagamos por vivir y vivir bien.

Este hermoso cartel sostenido por una mano valiente, nos dice que lejos de cualquier posición partidista o ideológica la consigna es lograr vivir, y vivir bien, no podemos seguir siendo apéndices del mercado, mantenernos pegados a los intereses de los grandes consorcios, así no lograremos la buena vida, la vida para todos y la igualdad entre los humanos.

Para frenar esta guerra interna contra la juventud, tenemos que conocer su origen y sus causas, darnos cuenta que desde hace cuatro décadas un puñado de políticos y empresarios impusieron un modelo que privilegia el beneficio por encima de las personas, que nos sometieron a organismos internacionales con préstamos leoninos que comenzaron por despojarnos de los subsidios a los bienes y servicios; que nos condicionaron a eliminar los puestos de trabajo de base, para crear una élite gobernante reciclable; que nos empujaron a la entrega de empresas para-estatales y riquezas naturales, a cambio de inversiones ancladas a políticos y empresarios beneficiarios de las privatizaciones, que nos coercionaron para re-direccionar el gasto público de los servicios sociales hacia obras en las que el ladrillo más costoso es el de oro pagado al funcionario en turno.

Exigencias que exacerbaron los modos de vida, con yates, aviones y mansiones, aderezados con polvos, hierba, alcohol, y personas, sí personas, por si les falla algo, sólo toman los órganos de la gente nueva hecha añicos, para eso están los pobres, para aportar sus cuerpos al Dios Capital- al Dios “Libre Mercado”, como en la antigüedad se sacrificaban las doncellas a la furia de la naturaleza.

En este voraz y desmedido apetito está el origen del dolor y la muerte, en el rastro del dinero están las guerras locales e internacionales, las fosas clandestinas y los calcinados, las pilas de muertos que poco a poco se desentierran, porque la podredumbre no deja de heder.

De los 35 millones, 504 mil, 392 jóvenes que habitan México, aproximadamente, 1 millón, 835 mil, 999 jóvenes, entre los 15 y 29 años, no encontraron oportunidad para estudiar y trabajar el año pasado, y no tienen oportunidad, porque 300 mil fueron rechazados en sus intentos de ingresar a una Universidad y cerca de un millón y medio intentaron integrarse a un trabajo formal y terminaron por vivir de lo que sea, cosechar zarzamora, ser meser@s, cajer@s, mensajer@s, auxiliares temporales, lo que sea, incluso, eso que lacera y nos asusta: halcones, mercenarios, taiboler@s, sembradores de amapola y miembros de bandas delictivas, cada año tenemos que cruzar los dedos para que a los 13, a los 15, a los 21, o los 24 no deserten definitivamente de sus intentos por vivir y tener vida buena.

El sistema no sigue a la juventud, ésta tiene que correr tras las puertas que se abren como ofertas por horas en el sistema, no sabemos sus nombres y sus aptitudes, cuando mucho les asignamos una matrícula, no hay supervisiones de zona que sepan que Juan o María no van más a la escuela, sólo se angustian si desciende la matrícula. Sin embargo, sus compañeros les lloran, los extrañan, ahí es donde habrá que empezar a rehacernos, abajo, a restituir el tejido social entre nosotros, entre los iguales.

Asqueada como muchos por los sucesos, me atrevo a convocar a la juventud y a la población, a terminar la fiesta del neoliberalismo y su imposición fraudulenta hecha domingo, entiendo que pueda haber desencanto, pero también creo que han quedado al descubierto, los cuatro fantásticos convocados por el capital para destruir los anhelos populares, también vi con dolor y certeza que los conservadores consideran populismo procurar el bienestar de los jóvenes y elaborar capítulos de apoyo y compromiso para estar con ellos, aunque no sea todo, aunque sólo sea un inicio, aunque no basten las becas, el intento me refuerza la gana a convocarnos a superar tanta ignominia, a desear profundamente la sublimación del hecho oprobioso, construyendo nuevas alternativas. ¡Ya basta! Sin jóvenes no hay vida.

27 abril, 2018
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