Opinión 3.0


Stephen Hawking: la estrella más brillante de la ciencia contemporánea

Me alegró que él (Juan Pablo II) no se hubiera percatado de que había presentado una ponencia en la que teorizaba sobre cómo empezó el universo.

No me hacía gracia la idea de ser entregado
a la Inquisición como Galileo.

Stephen Hawking, Breve historia del tiempo.

Este pasado 14 de marzo, amaneció la humanidad con la oscura noticia de que “la estrella más brillante de la ciencia contemporánea”, Stephen Hawking, se había apagado. El genial joven que fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa neurológica motriz (1963), y al que se le pronosticó a los 21 años de edad que sólo tenía dos años de vida.

Pero como su malestar no avanzó rápido como se esperaba, conservó la vida por más de medio siglo más. Y en sus últimos años, confinado en una especial silla de ruedas, comunicaba sus deslumbrantes teorías y conferencias a través de una voz computarizada.

Sí, Stephen William Hawking (Oxford, 8 de enero de 1942-Cambridge, 14 de marzo de 2018), uno de los más lúcidos científicos de los últimos tiempos, conocido universalmente por sus teorías sobre los agujeros negros del universo, su pensamiento cosmológico y la Breve historia del tiempo. Hawking, quien de su grado en artes en la University College, pasando por el Doctorado en Filosofía y Astrofísica en la Trinity Hall, hasta llegar a la Universidad de Cambridge como maestro de matemática aplicada, física teórica, física cuántica y astrofísica, no hizo más que impresionar a sus compañeros de estudio, maestros y científicos del mundo. Sus investigaciones más importantes a la ciencia fueron los teoremas sobre las singularidades espacio-temporales en el horizonte de la relatividad general y la predicción teórica de la radiación de los agujeros negros del universo (la radiación Hawking).

Stephen Hawking, entre sus múltiples reconocimientos recibió doce doctorados honoris causa y fue galardonado con la Orden del Imperio Británico (1982), el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1989) y la Medalla Albert Einstein (1979), entre otras múltiples condecoraciones.

La divulgación de la ciencia de sus propias teorías y su pensamiento sobre una nueva cosmología, no sólo lo convierte en un gran vocero de la ciencia sino en un best seller: Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros (1988).

Cómo olvidar que gracias a una conversación sobre la filosofía del tiempo, con un agudo interlocutor, Fernando Ascencio Cendejas, doctor en Ingeniería de las Ciencias de la Tierra (UNAM), en la que repasábamos las ideas sobre el tiempo en las Confesiones de Agustín de Hipona, la duración en la Evolución creadora de Henri Bergson, el instante de Sören Kierkegaard o la intuición del instante de Gastón Bachelard, merecí que unos días después me obsequiara Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros (Hawking, Grijalbo, 1988). Un didáctico libro en el que se puede recorrer, a partir de la pregunta sobre la naturaleza del tiempo, del alfa y al omega del tiempo, desde Aristóteles hasta nuestros días. Para lograr difundir más ampliamente la complejidad de su pensamiento, en septiembre de 2005, Hawking, en colaboración con Leonard Mlodinow, publicó A briefer history of time (Brevísima historia del tiempo).

El gran diseño (Hawking y Mlodinow, Crítica, 2010), entre muchas de sus obras, es el paradigma de las nuevas respuestas a los asuntos últimos de la vida, Donde Hawking, por su conclusión, entra en una polémica interminable: nuestro universo como los otros muchos posibles surgieron de la nada, porque su creación no requiere de la intervención de ningún Dios o ser sobrenatural, sino que todos los universos proceden naturalmente de las leyes físicas. De aquí tal vez, la influencia pitagórica en su obra (Hawking, Dios creó los números: los descubrimientos matemáticos que cambiaron la historia, Runnig Press, 2005).

Ante su partida real, La NASA declaró: “Sus teorías abrieron un universo de posibilidades que nosotros y el mundo estamos explorando. Que sigas volando como Superman en microgravedad, como dijiste a los astronautas en @Space_Station en 2014”.

El astrofísico Stephen Hawking, la estrella más brillante de la ciencia contemporánea, se apagó para brillar mejor, porque tuvo la osadía de inaugurar los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, con el humorismo que le caracterizaba, pronunciando una frase mágica : “Mirar a las estrellas y no a los pies”.

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15 marzo, 2018
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